El beso redentor
A pesar de su carácter lacónico, Cancerbero es capaz de hacerme buena compañía. Toda su virtud radica en ser un inagotable narrador. Se lo podría comparar con Sheherazade, sólo que él no se juega la vida sino el trono. Su trono de bolitas de cristal sobre mi televisor. Hoy por la mañana me contó esta historia mientras yo me cepillaba los dientes:
El eco devuelve la respiración del monstruo dormido en el fondo de la cueva. La princesa enjaulada ve acercarse al más infalible de los guerreros del rey, quien tras liberarla, sigiloso se apodera del cetro tridente. Ahora la bestia está indefensa y la punta de una espada se hinca en su cuello. Pero la princesa detiene al héroe; quiere comprobar si la leyenda es cierta. El prisionero se agita nervioso. Ella se inclina hasta besarlo, y el monstruo se transforma en hombre. Como una revelación, comprende todo el sufrimiento que ha causado, y rompe a llorar amargamente. Entonces la princesa mira al guerrero y le pide casi con ternura -Ahora sí, ¡Mátalo!-
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