Como de costumbre, Cancerbero me observa desde su trono.
-¿Has oído?- le pregunto, aunque de sobra sé que sí –Ayer chocaron dos satélites, hoy dos submarinos nucleares… quizás la próxima megacolisión no la contamos, ergo ¡A vivir que son dos días!-
Con displicencia me recuerda que él está más allá de la vida y de la muerte.
-Y del placer- replico saboreando el golpe bajo, pero el maldito bicho sabe que en el fondo lo envidio.
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